Soñar, desear……. al fin objetivo conseguido.

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actitud 2El deseo de alcanzar los objetivos es el motor de nuestra motivación y empieza por la actitud. Según la wikipedia La actitud es la forma de actuar de una persona, el comportamiento que emplea un individuo para hacer las cosas

Si tuviera que elegir de entre las muchas actitudes necesarias para ser más productivo cuál de todas ellas es la más importante, ésta sería por lejos “el deseo ferviente por alcanzar los objetivos”. Todas las actitudes son importantes, pero la motivación para alcanzar la meta es sin dudas aquella de la que menos podemos prescindir.

Cuando pensamos en las actitudes necesarias para ser más productivos podemos considerar aspectos relacionados con la parte cotidiana del asunto, tales como ese obsesión por cerrar temas y tareas abiertas o pendientes, el rechazo visceral a la pérdida de tiempo y el tratar de mejorar permanentemente nuestra manera de trabajar entre otras. 

Pero de todas las actitudes que podemos enumerar, considero que la más importante por lejos es una gran pasión o deseo ferviente por alcanzar los objetivos.

Uno puede tomarse el trabajo de elaborar complejas metodologías de organización y sostener férreas disciplinas diarias, pero sin el impulso vital hacia la obtención de nuestros objetivos todas esas herramientas carecerían de la energía necesaria para ponerlas en marcha.

Podemos tener una gran visión, una excelente misión, y el más sólido plan. Sin las ganas de llegar a la meta, serán documentos huecos sin significado alguno.
Es un hecho que es de suma importancia armonizar el conjunto. Por ejemplo, si le ponemos mucha voluntad a un trabajo, si siendo éste muy complejo no lo habíamos planificado bien estaremos cayendo con mucha probabilidad en un esfuerzo estéril. Sin embargo, muchas veces la mera fuerza de voluntad logra alcanzar objetivos de una manera tal que una planificación y meticulosidad excesivas no podrían reemplazar.

Aquí volvemos a la vieja idea de ¿por qué me organizo? En el fondo lo que busco es alcanzar mis metas, y de ser posible quitar del camino todo aquello que no esté alineado con ellas. Si mis metas y todo lo que genero como herramientas para alcanzarlas están hechos de manera inteligente, me motivarán lo suficiente como para impulsar mis acciones y corregir cualquier error que pudiera cometer en el camino, porque tendré claro hacia donde voy y porqué. El desarrollar  metas lo suficientemente motivadoras es por obvia consecuencia una actividad de relevancia dentro de mi sistema de organización.

Podríamos caer en la tentación de emparentar ésta actitud con la de “cumplir la tarea”. Se le parece bastante, especialmente cuando la tarea cumplida coincide con la meta. Pero rara vez ocurre esto, porque por lo general las visiones que nos motivan suelen ser el resultado de proyectos que tienen un proceso más o menos elaborado para ser completados, mientras que las tareas son pasos intermedios que me tendrían que llevar una vez realizados al cumplimiento del objetivo.

Si la tarea que tengo terminar está alineada con mi visión y misión, seguramente podré poner mi empeño con mayor determinación. Mi deseo ferviente por alcanzar mis objetivos me impulsará con fuerzas a completarla porque una vez hecha me habrá acercado un poco más a mi visión.

Si en cambio la tarea es una de esas que tengo que hacerla porque no me queda más remedio, ya sea por obligación o porque sencillamente no puedo decir que no, la actitud es más bien la de “tengo que sacarme de encima esto cuanto antes”. Y no digo que no sea importante ésta última, pero no es la que me hace sentirme más productivo, sino todo lo contrario. Me deja el sabor amargo de haber perdido mi tiempo, porque tenía cosas más importantes que hacer.

Lo que en el fondo creo que no debemos perder de vista es que nos sentiremos productivos si alcanzamos nuestros objetivos en los tiempos previstos o incluso antes. Si todo lo que hacemos es trabajar sin parar sobre tareas que no nos llevan hacia la meta, habremos hecho muchas cosas por cierto, pero al final del día no le importarán a nadie. Y peor aún, no nos importarán a nosotros.

actitud

Hoy me comentaba mi madre que creo como todas me contaba una historia de estas que cuentan las personas mayores que ya llevan más de setenta años de experiencia, me decía que con una buena actitud en el trabajo, el trabajo viene a ti y te elige y no es lo mismo eso que no tener que hacer e ir tu a buscar el trabajo pues te que lo que te queda, por eso mantén siempre una buena actitud, “que lo bueno, los sueños, los objetivos, las metas se cumplen”.

 

Lo que no vemos, pero si sentimos.

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El valor intangible de una buena organización

Si bien el valor de la buena organización y una elevada productividad personal pueden ser medidos de manera concreta, también existen beneficios intangibles de su aplicación que son innegables. Hay momentos especiales en nuestras vidas que nos hacen ver esta realidad de la manera más cruda.

La verdad es que esta nota es una que tal vez más una reflexión que un post, pero como uno de los objetivos de este blog es compartir experiencias, creo que vale la pena hacerlo.

Hay una gran cantidad de beneficios que uno considera cuando evalúa la conveniencia de aplicar técnicas de organización y productividad personal. Algunos muy obvios, relacionados con la metodología para el día a día, las herramientas que usamos, o el marco de trabajo para asegurar que nuestro sistema de organización no nos haga perder consistencia. El alcanzar nuestras metas y el incremento en nuestra capacidad de hacer más cosas en el mismo tiempo físico que siempre tuvimos forman parte de ese conjunto.

Otros beneficios, quizás no son tan obvios, pero resultan de tanto o más valor que los primeros cuando los evaluamos bajo ciertas circunstancias. Es a estos aspectos a los que me quiero referir aquí.

Hace años por motivos de mis viajes de trabajo la familia ha quedado un poco de lado por decirlo de alguna manera, a los dos años lo han operado de una simple operación de un lagrimal pero el mero hecho de estar en el hospital me hizo reflexionar de lo que me estaba perdiendo de su vida y al mismo tiempo ver la situación de otros que estaban peor e incluso que no habría vuelta atras.

De golpe, una serie de valores intangibles no considerados en mi forma de organizarme empezaron a surgir espontáneamente. Criterios que uno tiene internalizados desde hace mucho tiempo como el ser ordenado, flexible y previsor tuvieron un impacto significativo en mitigar las consecuencias negativas de ésta circunstancia controlando los riesgos y minimizando los impactos físicos, económicos y emocionales de un evento fortuito y desafortunado que hubiese sido un accidente de coche por poner ejemplo.

Que quiero decir con esto que el ser organizado, previsor, ordenado,……….. nos lleva a ser cautos y valorar los momentos esos momentos que nos haces ser Felices, con lo que más queremos, con los nuestros, familia, amigos, comunidad. Como bien decía un director mío nos hace “Dejar huella” eso se lleva dentro.

 

Otro Ingrediente “El tiempo”.

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El Tiempo como Bien Escaso

Las reglas del tiempo son bien conocidas. La cantidad que disponemos de él es limitada, fija e inmutable. Su paso es inexorable. A todos los efectos es válido considerarlo un bien escaso que requiere de una administración inteligente para sacar el mayor provecho de él.

 

“El tiempo es dinero”. “El tiempo pasa”. “No desperdicies tu tiempo”.

Todas frases famosas acuñadas a lo largo de los siglos para recordarnos que no debemos perder nuestro tiempo, porque disponemos de él en una cantidad limitada. El día tendrá siempre veinticuatro horas. Ni una más. Ni una menos.

Existe un concepto un tanto engañoso en la idea de “ganar tiempo”. En principio esto no es posible. Estamos en condiciones de operar sobre la cantidad de tiempo que demandan las actividades en las que nos vemos envueltos, pero no estamos en condiciones de alterar el tiempo.

La noción del tiempo como un bien escaso se basa en el principio económico por el cual “las necesidades son siempre ilimitadas, mientras que los recursos son siempre escasos”.

El tiempo es un recurso como cualquier otro, pero que tiene una característica particular: todos los seres humanos lo disponemos por igual y en la misma cantidad. Decir “no tengo tiempo” es hasta cierto punto un error. Sin importar ningún detalle de nuestra vida particular,  todos y cada uno de nosotros tendremos veinticuatro horas diarias para atender la totalidad de nuestras necesidades.

Como condición de contorno es clara. Sólo podemos actuar sobre las tareas a las que nos dedicamos para que ese tiempo alcance. Dedicarles más o menos tiempo; enfocarnos en unas en desmedro de otras o sencillamente algunas cosas dejar sencillamente de hacerlas.

Lograr administrar este recurso es todo un arte. No es una ciencia exacta por la sencilla razón que cada caso es un mundo. Lo que le sirve a uno no le sirve a otro y es complicado sacar conclusiones generales.

La ciencia económica se dice que no es una ciencia exacta, sino praxeológica, es decir que versa sobre la estructura lógica de la acción humana.

La administración del tiempo es a mi modo de ver también una ciencia praxeológica, porque debe considerar todos aquellos factores que afectan a nuestras acciones como individuos en tanto nos permite alcanzar nuestros fines con los siempre escasos medios que disponemos.

Los principios de la acción humana son los siguientes:

§  El hombre actúa;
§  Prefiere unas cosas a otras;
§  Concurre a la acción para alcanzar sus siempre mudables, pero en cada momento concretos y específicos, fines;
§  El factor tiempo influye en su accionar.

Observemos el rol del tiempo. No es un elemento más.

El ser humano tiene a la “preferencia temporal” como un factor clave en su proceso de toma de decisiones. Si a igualdad de condiciones tiene que elegir entre obtener un mismo beneficio “ahora” ó “después”, va a preferir disfrutar el beneficio ahora, en el presente. Si posterga algún disfrute en el “hoy” es porque le trae alguna ventaja hacerlo en el futuro, al menos desde su particular punto de vista. Y como dijimos anteriormente, las valoraciones son siempre personales, con lo cual es difícil medir la calidad de su decisión basados en nuestra propia escala de valor.

Cuando nos vemos en la necesidad de “administrar el tiempo”, debemos ser conscientes que “administrar” es una acción, y que para que ésta tenga lugar nos debemos encontrar ante una situación de insatisfacción. En nuestro caso, esa insatisfacción viene del hecho de que el tiempo que tenemos disponible no nos está alcanzando para cumplir con todas las obligaciones y/o deseos que tenemos. Como consecuencia, debemos “hacer algo”. Debemos “actuar”, y en nuestro caso ese algo es “administrar nuestro tiempo”.

Al actuar, deberemos dar “preferencia” a algunas cosas sobre otras. Esto es lo que comúnmente llamamos “priorizar”. Y al preferir una cosas sobre otras, estaremos tomando decisiones que implicarán algún coste, es decir que estaremos dispuestos a “pagar las consecuencias” de no hacer aquellas cosas que elegimos “conscientemente” no hacer.

El manejo del tiempo

Como podemos ver, el priorizar está en la misma esencia de la administración de nuestro tiempo. Nosotros tenemos fines o metas que queremos alcanzar, y el uso adecuado de nuestro tiempo es crítico para poder cumplirlas. A veces podremos compatibilizar nuestras metas con otras actividades de menor importancia para nosotros. Otras veces no.

Desde ya que el uso de metodologías elaboradas como la propuesta en GTD por David Allen nos pueden ayudar a incrementar nuestra capacidad de hacer. Y en algún momento hasta podemos llegar a una situación en la cual podemos tener la “ilusión” de ser capaces de hacerlo todo.

Pero la realidad siempre tiene la capacidad de sobrepasar nuestros mejores planes y métodos. El ejemplo más claro es la persona que dice a todo lo que le piden un sencillo “SI”. No importa el método de productividad personal que use, siempre existirá un punto en el cual no habrá medios “físicos” para cumplir con todo lo que prometa. Y le guste o no, el problema no estará en la forma en que revisa sus listas de tareas o la cantidad y precisión de los contextos que usa. El problema radicará en no haber sabido decir que “NO” a tiempo.

 

El control de las cosas es fundamental.

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gestión y control

¿Cómo saber si se tiene el control?

Cuando logramos tener bajo control nuestras actividades, tanto las obligaciones como nuestros más caros proyectos personales, se produce una sensible reducción en nuestros niveles de stress y un incremento de nuestra capacidad creativa. ¿Cómo podemos saber si hemos llegado a una situación adecuada o si tenemos que seguir mejorando nuestro sistema de organización aún más?

Saber que tengo mis cosas bajo control es una de esas sensaciones tranquilizadoras que me permite dedicarme a aquellos asuntos que más me gustan. Aún más, cuando tengo que hacer frente a mis obligaciones, si se trata de tareas delicadas que requieren mucha atención, el saber que no tengo algún tema explotando por ahí me permite sostener el enfoque en lo que hago.

David Allen trata sobre este tema en “Getting Things Done” desde la óptica de lograr un estado tal que al confiar plenamente en nuestro sistema de organización nos liberamos del stress que nos provoca tener nuestros asuntos pendientes flotando permanentemente entre nuestro consciente e inconsciente. Y tiene toda la razón.

El punto al que quisiera referirme en éste artículo está más vinculado con el proceso por el cual vamos evaluando nuestro grado de control. ¿Cuánto control realmente necesitamos? ¿Debemos mejorar nuestra metodología o con lo que hacemos ya alcanza?

La diferencia entre tener o no el control de las actividades es sustancial desde cualquier punto de vista que queramos verlo. Pero la gran pregunta a mi modo de ver es la siguiente:

¿Cómo sabemos si nuestras cosas están

verdaderamente bajo control?

Bueno, una de las maneras de saberlo es notando como en ese estado las emergencias se reducen drásticamente. Cuando uno tiene en orden sus temas, los puede ir trabajando por adelantado, con lo cual es difícil que se vea sorprendido en falta sin tiempo suficiente para hacer algo que demoró hasta último momento. Lo qué si es seguro es que no debería padecer una emergencia por algo que estuvo en sus manos evitar. Y si se logró esto, ya es bastante decir.

Otra característica del estado “bajo control” es que uno termina estando mejor preparado para hacer frente a los imprevistos. Las cosas se salen de cauce a diario, y nuestros planes suelen dárselas contra la realidad a cada momento. Si tengo mi situación general en estado “bajo control” puedo mantener la cabeza enfocada en el problema que surge, ya sea algo no considerado en mis planes como algo totalmente repentino e imprevisible pero de lo cual no puedo evitar tener que hacerme cargo.

Un sistema de organización que me permita tomar decisiones rápidamente, me ayudará sin dudas a mantener el control con más frecuencia. Porque tengo claro mi norte, porque sé a conciencia lo que tengo pendiente, así como su relevancia y urgencia. Sabré a cada momento qué hacer y qué consecuencias acarrea esa decisión al conjunto de mis compromisos internos y externos.

De lo arriba expuesto se desprende que un sistema de organización demasiado complejo corre también serios riesgos de falla en situaciones de elevada intensidad de actividades. Y esto aplica ya sea que se trate de muchos temas de corta duración o de pocas actividades pero con elevado consumo de tiempos. Si el esfuerzo que hay que poner para tener toda la información disponible excede de lo razonable, no se podrán tomar las decisiones adecuadas ni en tiempo ni en forma.

Para evaluar si un sistema de organización nos está ayudando a tener nuestras cosas en orden, una clave puede ser observar si está siendo confiable en no dejarme problemas pendientes con frecuencia, especialmente si el surgimiento de los mismos era previsible. Pero aún en los casos en que surjan temas imprevistos, la capacidad de hacer todo a un lado  y hacerle frente a la emergencia sin mayores consecuencias en mis otras actividades es un muy buen indicador de que “la casa está en orden”.

 

La cabeza es para otras cosas

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cosas cabeza

Sacarse las Cosas de la Cabeza

¿Cual es la gran ventaja de armarse un buen sistema de organización, ya sea en formato electrónico o en papel? Respuesta: El sacarse las cosas de la cabeza.

Si hay algo que nos puede complicar en el dia a día, es el tener cientos de cosas pendientes flotando en nuestra mente y haciéndonos sentir frustrados a nosotros y a quienes dependen de nuestra acción para alcanzar algún objetivo.

Si somos personas responsables, que valoran cumplir con sus compromisos, todo aquello pendiente y que no pudo hacerse es como una puñalada a la autoestima. Imaginemos lo que resulta si la cantidad de esos compromisos "vencidos" se apilan como los papeles de esos escritorios que todos hemos visto en los cuales hasta da un poco de temor acercarse. Bueno, imagine que esas son actividades y compromisos pendientes, flotando por su cerebro y que recurrentemente le recuerdan que está en falta. Y eso sin llegar al hecho de tener que enfrentar una recriminación por el incumplimiento.

Stress, frustración y fatiga mental es lo único que puede esperarse, y finalmente una larga catarata de resultados no deseados con consecuencias que seguramente querremos evitar.

No importa que hablemos de papel o agenda electrónica. Encontrar la manera de sacar las cosas de la cabeza es un excelente mecanismo para reducir la tensión cotidiana, para tener claro que si dejamos de hacer algo podremos retomarlo sin temer que no sabremos como seguir desde donde dejamos la tarea inconclusa. O estar tranquilo que le estamos brindando a una tarea muy importante la prioridad que realmente se merece.

 

 

Recetas Thermomix para la organización.

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Thermomix

Ingredientes para la Organización Personal

 ¿Cuáles son los ingredientes para lograr una buena organización personal? Queremos identificar esos elementos críticos que hacen funcionar adecuadamente nuestro sistema de organización para lograr que nuestras actividades sirvan a nuestros propósitos

Revisando mucho del material sobre organización personal uno encuentra enfoques diversos. Algunos se centran fuertemente en el flujo de trabajo; otros en el manejo de herramientas de soporte (ya sea físicas o informáticas); otros en los aspectos motivacionales y otros en una estricta disciplina.

Creo desde mi personal perspectiva que todos tienen algo de razón, pero también pienso que la manera adecuada de encarar el tema debe ser “integral”.

Empecemos por el principio. Se dice que la clave está en las preguntas, no en las respuestas. Pues bien:

¿Para qué me meto en todo este lío de la

organización y la productividad personal?

La respuesta para mí es simple. Busco organizarme mejor para alcanzar mis metas. Por eso considero un elemento esencial de mi organización personal a mi visión. No puedo considerarme una persona productiva si hago muchas cosas que no me llevan a ningún lado.

La “productividad” es una medida de lo producido en una determinada unidad de tiempo. ¿Busco hacer muchas cosas o busco que las cosas que me interesan sean verdaderamente hechas? Y lo que es más importante. “Hechas como a mí me interesa que se hagan”

Un sistema de organización personal sin un propósito es como un automóvil sin motor. No nos llevará a ningún lado.

El enfoque sesgado hacia la productividad personal tiene la deficiencia de olvidarse que hay una persona detrás. Asume por defecto que somos máquinas que operan bajo determinadas reglas supuestamente inmutables y que en la medida que éstas se respeten se incrementará el producido.

No quiero decir aquí de ninguna manera que no me interesa la variable “productividad”. Muchas cosas que me propongo, especialmente las más ambiciosas, requieren una enorme capacidad de hacer y del buen aprovechamiento del tiempo así como del adecuado uso del recurso más importante que dispongo: yo.

Es por eso que le doy a este tema un enfoque más orientado a la organización personal. Porque organizarse para alcanzar el éxito tiene una primera premisa. Saber qué es lo que consideramos éxito. Sin dirección ni propósito todo lo demás son palabras bonitas pero que nos dejarán como una cáscara vacía. Nos llevará a un sin sentido.

Si la herramienta es un Smartphone, ya sea un Blackberry o un iPhone, o una excelente agenda personal de cuero no hacen a la sustancia. Si a ese elemento de soporte no lo sé aprovechar con todo lo que acompaña a un sólido sistema de organización, su valor es nulo.

Entonces, a mi modo de ver. la organización personal se compone mínimamente de los siguientes elementos:

 

Ingredientes CMO 

Visión:
En el contexto de la organización personal representa la imagen de aquello que quiero conseguir. Lo que da guía a nuestro accionar. Cómo reza el viejo refrán: “Quien no sabe dónde va jamás llega a destino”

Actitudes
La acción que encaramos siempre va acompañada por una actitud determinada. Esa disposición al hacer que determina en buena medida la energía que le ponemos a nuestra actividad. Sin las actitudes correctas sería imposible alcanzar nuestros objetivos. El sólo hecho de intentar alcanzar una meta representa un estado de ánimo concreto alineado con la consecución de nuestros intereses.

Hábitos:
Los hábitos al estar incorporados a nuestra forma natural de actuar tienen algunas ventajas. Una de ellas es que no necesitamos tomarnos el trabajo de pensar en ellos una vez adquiridos. Pensar en si se hace algo de determinada manera tiene sentido siempre y cuando no se trate de algo conocido. Si ya sabemos cómo debemos hacer una tarea, pensar nuevamente en ello representa una inversión adicional (e improductiva) de tiempo.

Herramientas
En la historia de la evolución  humana nuestra capacidad de usar herramientas ha marcado la gran diferencia entre nuestra especie y las demás.
De la misma forma que una palanca multiplica nuestra fuerza en una dirección, las herramientas de productividad multiplican nuestra capacidad de hacer tareas y cumplir más compromisos en el siempre escaso tiempo disponible.

Procesos
Los procesos determinan el momento, la secuencia y forma en que combinamos los elementos. Son de alguna manera la receta de una sabrosa comida cuyos ingredientes puestos en su combinación justa (observen que no hablo de “igual proporción”) hacen la gran diferencia entre un plato exquisito y un verdadero fiasco.

De la misma manera que una buena receta de cocina, no se trata sólo de la lista de ingredientes sino de la buena mano del chef que los integra con sus conocimientos y experiencia para dar forma a un resultado de excelencia.

 

¿Cómo quiero que sea mi sistema de organización?

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¿Cómo quiero que sea mi sistema de organización?

De la misma manera que necesitamos una visión, misión y valores para nuestros proyectos personales y profesionales, es importante que definamos qué pretendemos obtener de nuestro sistema de organización individual. En caso contrario, difícilmente obtengamos uno que funcione.

 

Por eso no esta de más el pararse un momento y reflexionar de como lo vamos hacer.

“Quien no sabe a donde va, jamás llega a destino”, dice el viejo refrán.

En un artículo anterior nos preguntábamos ¿porque organizarse?, y nos enfocábamos en la definición de la real academia española que dice que organizar es “Establecer o reformar algo para lograr un fin, coordinando las personas y los medios adecuados”.

Mi sistema de organización tiene que ser funcional a ese fin, que puede ser a modo de ejemplo “cumplir con mis objetivos laborales de acuerdo a las condiciones y reglas de juego de la empresa a la que pertenezco”. Aquí restringimos la discusión al ámbito de nuestro trabajo, pero queda claro que podemos ir más allá tanto como gustemos ampliando el alcance de los fines que perseguimos.

A mi modo de ver mi sistema de organización debería ser:

  1. Eficaz: que tenga la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera.
  1. Confiable: que sea alta la probabilidad de que funcione bien
  1. Sencillo: que no ofrezca dificultad
  1. Escalable: que pueda hacerse más grande sin perder calidad en los servicios ofrecidos
  1. Flexible: que es susceptible de cambios o variaciones según las circunstancias o necesidades.

Si contrastamos nuestras técnicas para organizarnos con los atributos  arriba mencionados, tendremos una manera bastante objetiva de verificar si hemos elegido bien o si tal vez debemos hacer algún ajuste.

Veamos por ejemplo un caso. Supongamos que mi día de trabajo tiene ocho horas y nos toma dos horas por día organizarnos empezando bien temprano al llegar a la oficina. Supongamos por un momento que nuestro sistema cumple con las reglas 1, 2, 3 y 5 (es eficaz, confiable, sencillo y flexible).

Pero… ¿es escalable? Difícilmente podamos llamarlo así. Si tener todo funcionando y operativo nos demanda normalmente un 25% de nuestro tiempo, qué ocurriría en caso de tener una sobrecarga de trabajo (de esas tan comunes en las empresas)? Simple. Tendríamos que dedicar “más tiempo” (incluso fuera de nuestro horario laboral) para tener todo en orden. Tal vez podamos. Tal vez no. Y en ese caso, podríamos decir que nuestro sistema es muy bonito, pero no es adecuado “para nosotros” porque no es “escalable”, y según la probabilidad de tener sobrecargas de trabajo tampoco será confiable, porque será mayor la probabilidad de que no funcione bien.

Un sistema dejará de ser “confiable” cuando no mantenga por ejemplo la consistencia de los datos de manera tal que un evento o acción importante no sea contemplada.

O no será “sencillo” si el esfuerzo para mantenerlo consistente es de tal magnitud que no se justifica dado el resultado que queremos obtener.

Y definitivamente no será “eficaz” si no alcanza el objetivo buscado, es decir que empezamos a proceder de determinada manera, y no logramos alcanzar el grado de orden que buscamos.

En resumen, antes de proceder a implementar un nuevo esquema de organización es muy importante tener en claro qué queremos lograr, y plantearnos a conciencia como nos vamos a asegurar luego que el remedio no sea peor que la enfermedad, contrastando si nuestro nuevo sistema cumple los objetivos que nos propusimos.

 

Cinco lecciones de liderazgo que Abraham Lincoln nos dejo al mundo

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"Casi todas las personas son tan felices como preparan sus mentes para serlo"… Lecciones, son muchas las lecciones que dejó. El 12 de febrero Estados Unidos celebró el cumpleaños de Abraham Lincoln. Un líder efectivo que la mayoría de los historiadores no duda en situar como uno de los grandes presidentes de la historia y que introdujo medidas que dieron como resultado la abolición de la esclavitud.

A lo largo de su mandato, Lincoln movilizó con éxito a la opinión pública a través de su retórica y discursos; el de Gettysburg es sólo un ejemplo de ello. Por ello, Richard Brookhiser, autor de los libros 'James Madison' y 'Padre de la Patria: Redescubriendo a George Washington', aborda en WSJ las lecciones de liderazgo que dejó el decimosexto presidente de los Estados Unidos.

1. Defienda bien sus posturas

Lincoln conocía bien el juego de las transacciones políticas, entendiendo que, en última instancia, las democracias no se rigen por esas pequeñas maniobras, sino por las personas. "La opinión pública es todo en este país", dijo en forma rotunda en 1859. Esto significa que todo depende de que la opinión pública sea cortejada, formada y educada. Esto requiere que los líderes den su opinión y se expongan. Ayuda, por supuesto, si sus argumentos son claros y sus programas de gobierno razonables.

2. El humor ayuda

La comicidad, con su giro vulgar, servía para recordarle a Lincoln y quienes lo escuchaban que la vida está llena de contratiempos y (peor aún) de vergüenzas. Nadie debería extrañarse ni sentirse agraviado o agredido por esto. No queda más que seguir adelante, con alegría si es posible. Esta es una lección importante para todas las frustraciones y crisis de la política.

3. Los principios son lo primero

Lincoln formó parte de un partido que había extraviado sus principios, los Whig. Jamás volvería a estar en una situación similar. Cuando le llegó el momento de decidir entre ser abolicionista o demócrata no dudó. "Lo tengo decidido, porque creo que la esclavitud no es un tema sobre el cual se puede llegar a un compromiso exitoso".

4. Ser inclusivo

Los principios no son cosas incorpóreas; necesitan hombres que las hagan realidad. Lincoln tenía una gran capacidad para hacer aliados. Pasó por alto las rivalidades para concentrarse en lo que él podía tener en común con hombres talentosos y combativos. Expresó su regla general en su discurso de Peoria en 1854: "Defiendan a quien defienda lo correcto. Defiéndanlo mientras esté en lo correcto y apártense cuando tome el rumbo equivocado".

5. Trabajo duro

Cuando fue nombrado candidato del Partido Republicano, Lincoln cautivó a los reporteros al analizar la situación económica de cada Estado y, aunque en su fuero personal tendía a ser fatalista, no dejó que eso detuviera su trabajo para ser nominado o electo. Siempre calculaba los detalles, pero no era calculador en el mal sentido de la palabra.

Lincoln expresó su regla general en su discurso de Peoria en 1854: "Defiendan a quien defienda lo correcto. Defiéndanlo mientras esté en lo correcto y apártense cuando tome el rumbo equivocado".
Miren el pasado, háganse escuchar, manténganse firmes y manténgase unidos. En definitiva, como bien cierra el arículo, lo que le sirvió a Lincoln le puede servir a usted.

Leer más:  Las cinco lecciones de liderazgo que Abraham Lincoln le dejó al mundo – eleconomistaamerica.com http://www.eleconomistaamerica.mx/empresas-eAm-mexico/noticias/5567934/02/14/Las-cuatro-lecciones-de-liderazgo-que-Abraham-Lincoln-le-dejo-al-mundo.html#Kku8hIqCfsna4rPp

 

¿Por qué Organizarse?

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¿Por qué Organizarse?

Parece una pregunta tonta, pero en el fondo no lo es tanto. 

Si buscamos en el diccionario de la Real Academia Española, la palabra organizar tiene varias acepciones, pero aquellas sobre las que vamos a poner más énfasis son las siguientes:

1.      Establecer o reformar algo para lograr un fin, coordinando las personas y los medios adecuados.

2.      Poner algo en orden.

3.      Dicho de una persona: Ordenarse las actividades o distribuirse el tiempo.

La verdad es que la organización está en el trasfondo de cualquier acción destinada a poner un poco de orden en el caos que existe en cualquier actividad.

Tampoco es un problema que tenga una respuesta única. No hay una solución sencilla. La forma d

e lograr un sistema de organización eficaz es en esencia muy dependiente de la naturaleza intrínseca de la actividad involucrada, de la manera de pensar y actuar de cada persona. Es por eso que un determinado método a algunos puede servirles y a otros no tanto o directamente resultar contraproducente.

Pero volviendo a la pregunta del principio, nos organizamos porque en el fondo necesitamos tomar el control de algo, ya sea nuestro trabajo, nuestra vida personal o un proyecto concreto. Y actuamos cuando la situación presente no nos satisface, lo cual nos motiva a actuar.

La definición que aparece en el primer punto, si bien no es tan general como la segunda, es para mi la que mejor resume la esencia del trabajo de organizarse, y esto es: 

Establecer o reformar algo para lograr un fin

¿Y que vamos a reformar?  El estado presente de cosas. 

En lo que se refiere a organización personal, esto impacta sobre dos aspectos relevantes de nuestras vidas:  el laboral y el personal, aunque se puede aplicar a cualquier contexto en el que nos veamos envueltos. 

En el fondo, lo que nos interesa es alcanzar nuestros objetivos, a pesar de que no siempre lo logremos. Pero lo importante es que en el proceso aprendamos y actuemos para dar un paso más en la dirección deseada.

 

Lecciones extraídas del surf que se pueden aplicar en la rutina diaria.

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No soy un deportista nato, pero si me gusta seguir los deportes y el otro día en una presentación de los directores de la unidad en la que trabajo habían elegido el Surf como hilo conductor. Me pareció un tema interesante y entre los artículos que tengo archivados me encontrado este:

Estás flotando en el agua y las olas no paran de llegar. En ocasiones te voltean, te hunden o te cierran los ojos… pero tú quieres coger una ola convirtiendo al violento elemento, en un aliado que te ayude a avanzar a toda velocidad. ¿Cómo puedes conseguirlo?

Fórmate

Antes de entrar en el mar necesitas saber algunas nociones básicas. No deberías lanzarte al agua sin más o aprenderás a base de mucho más tiempo y algunos golpes innecesarios. ¿No pretenderás lograr el éxito sin saber lo que haces…? ¿verdad? No me mal interpretes, algunos lo logran, pero aprender algunas lecciones básicas aumentará tus probabilidades y más cuando el mar está bravo.

Las rachas vienen y van, pero si viene una, lo mejor es que te pille bien preparado.

En el mundo empresarial esto es igualmente importante, pues una buena formación hará que estemos preparados ante ciertas circunstancias comunes a todo negocio. Ahora bien, esta formación solo es el comienzo y la mayor escuela será el mar, el mundo real. No triunfarás por saberte la teoría, olvídalo. Necesitas muchas horas de práctica ante de lograr pequeños avances.

Tiempos y oportunidad

Buscar una ola y subirte. Algo aparentemente sencillo ¿verdad? Pero requiere de algunas fases muy importantes, empezando por llegar a la ola y esperar la adecuada. Para ello deberás avanzar con la tabla de frente al mar, enfrentando a las olas y no huyendo de ellas. ¿Les suena?

Hay que tener determinación y algo de valor para superar ola tras ola, tragando algo de agua sobretodo si eres novato. Cuando llegues a la zona “buena”, puede que ya estés cansado, según el mar y los problemas que puedas tener… y eso que aún no has cogido ninguna ola.

Cuando un negocio madura, debe prepararse para sus mayores retos.

Sitúate en el lugar adecuado y aprovecha el momento preciso, ya que ni todas las olas son iguales ni todas te darán el impulso necesario para ponerte en pie. ¿Cuál es el lugar adecuado? Tardarás en descubrirlo y será del que mejor sepa leer los movimientos del mar. Y si, también estoy hablando de los negocios.

Una ola, una oportunidad

Ante una ola puedes hacer varias cosas, pero principalmente se resume en que puedes saltarla o enfrentarte a ella y tratar de navegarla. Si intentas lo primero, es posible que la lucha por seguir flotando gaste tus energías, además de que quizás no sepas afrontar las olas más altas y te de unas cuantas vueltas.

Y es que igual que puedes no estar preparado para cogerla puedes no estar preparado para saltarla. Entonces, desde mi punto de visa, lo mejor es intentarlo pues si vas a terminar sumergido, que no sea por quedarte quieto viéndola venir. Los problemas hay que enfrentarlos de cara y con decisión.

¿Cuántos empresarios ven los problemas venir y quedan paralizados? Más de los que nos gustaría admitir ¿Y cuántos problemas no son tal cosa y son oportunidades? depende de quién lo mire: algunos… pero más de las que solemos ver.

Eso sí, lo malo de las oportunidades, es que cuando apuestas por una, puede que te pierdas otra que era mucho mejor, pero es ley de vida. También puede que sean más de uno los que cojan la ola y puedan chocar. Si caes solo te queda seguir nadando y aprendiendo.

Ponte en pie

Mientras unos saltan la ola y otros son tragados por ella, puede que toda tu preparación y experiencia se alineen para lograr ponerte en pie. No es fácil, pero entonces puedes darte cuenta de por qué estabas en el mar.

No era por recibir las bofetadas del mar, ni para que te piquen las medusas o que te den calambres… era por ese instante en el que todo va bien y puedes disfrutar del avance… en el que el caos pasa a ser orden. Eso sí, la ola se termina y después solo nos queda recoger lo aprendido y seguir luchando.

Esta es la mayor lección que creo que podemos extraer del surfista (una figura aparentemente alejada del empresario), pues cae mil veces y aprende de cada una, volviendo a luchar contra las olas sin cesar, sabiendo que la victoria es un momento de pasajera felicidad, pero que la lucha nunca termina y vale la pena.

Igualmente podríamos decir que los surfistas tienen mucho que aprender de algunos empresarios, pues sin duda nos jugamos muchas cosas de vital importancia todos los días y aquí seguimos, mejor o peor, pero seguimos flotando y buscando la ola perfecta para aliarnos con ella.

Espero que os guste.

Fuente: pymesyauntomos.